La misión tripulada de la NASA incorpora sistemas autónomos que permiten operar con menor dependencia de la Tierra en entornos de comunicación limitada.
La misión Artemis II de la NASA marca el regreso de astronautas al entorno lunar con la nave Orion, en un vuelo que incorpora inteligencia artificial como componente central de operación. La tripulación, integrada por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, participa en una misión donde los sistemas automatizados cumplen un rol clave en contextos con comunicación intermitente con la Tierra.
Uno de los principales usos de la inteligencia artificial en Orion es la navegación autónoma. Durante los períodos en los que la nave permanece sin contacto —como cuando se ubicó detrás de la Luna—, los sistemas utilizan sensores ópticos, rastreadores estelares y algoritmos para determinar su posición y ajustar la trayectoria sin intervención externa.
En paralelo, la cápsula cuenta con miles de sensores que generan datos en tiempo real sobre variables críticas como soporte vital, energía y estructura. Estos datos son procesados por sistemas desarrollados, entre otros, por Lockheed Martin, que permiten detectar anomalías y activar respuestas ante posibles fallas.
Además, la inteligencia artificial se utiliza para anticipar riesgos asociados al entorno espacial, como eventos de radiación solar, y para asistir a la tripulación en la interpretación de información y toma de decisiones. Este esquema combina análisis en tiempo real y automatización operativa en una misión que servirá como base para futuras etapas del programa Artemis.





















